VOZ PROPIA

Miguel Ángel Vidal

“A nivel de bandas grandes, no arriesgan mucho"

crédito: PÁGINA CENTRAL

Esta entrevista la hice un 12 de marzo del 2015. Ha pasado exactamente dos años y dos días. Tiempo en el que Voz Propia ha cumplido 30 años, se publicó un nutrido disco tributo a la banda, su bajista Carlos Magán ‘Boui’ partió de este mundo y los creadores de ‘El Sueño’ publicaron su último álbum ‘Una vida feliz’. Miguel Ángel Vidal Trujillo es su vocalista y fundador, y hace 732 días nos dijo lo siguiente.

Empecemos por una típica pregunta que evito hacer, pero esta vez lo vale porque han pasado casi tres décadas: ¿Cómo se formó Voz Propia? 

Yo tenía la idea de tocar y en la universidad conocí a un tecladista que también era músico, un amigo de arquitectura. Nos juntamos y comenzamos a mostrar lo que teníamos, lo que queríamos hacer… En su casa había algunas cosas, entonces ensayábamos ahí y de repente necesitábamos más personal, y conocí a un guitarrista que también era de Arquitectura. Lo llamé y el tecladista llamó a Ulises Quiroz, quien es el baterista hasta la actualidad. Éramos cuatro y era el año 85.

¿Los cuatro frecuentaban la movida subte?

No, porque en ese momento no había conciertos subtes ni nada por el estilo. En el año 85 eran eventos que se daban a veces en la universidad o una municipalidad que hacía un concierto, y ahí había una tocada, iban los grupos que existían, que eran muy pocos.

¿Qué grupos eran?

Leusemia y Narcosis básicamente, sobre todo Leusemia que era el que tocaba más. Luego aparecen Guerrilla Urbana y Autopsia que empiezan a ir a los conciertos. Pero era muy esporádico. No había ningún local. Bueno, existía la No Helden, que no era un lugar del mundo subte. Ponían música que sonaba en Inglaterra. Iba gente que se vestía…, pero aún no era una cosa muy grande. En ese año fui al concierto Rock en Río Rímac y ahí recién conocí a José Eduardo ‘Matute’, quien era el guitarrista de Guerrilla Urbana. Y también conocí a ‘Cachorro’ de Narcosis, aunque en ese momento todavía no había Narcosis, tanto así que cuando conocí a José Eduardo, él tampoco sabía de Leusemia. En ese concierto del Río Rímac conozco a Carlos Magán, al ‘Boui’, y él ya me conecta con Jimena Santillana, quien fue la corista, que estudiaba en la U. de Lima. Entonces, digamos que ahí consolidamos el grupo y ensayamos la mitad del año 85 y logramos sacar seis, siete canciones. 

¿Ya como Voz Propia?

Sí. Ahí es donde vamos a un concierto, en octubre del 85, en la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores. En ese momento creo que todo el mundo se sorprendió de la cantidad de gente que había que escuchaba esta música. Había un montón de ‘looks’ espectaculares que tú no esperabas ver. Salió una nota en Canal 9 y se dio esta especie de boom de la movida. Y la gente se conecta. Pasaba que muchas de las personas al ver alguien que estaba vestido de negro, que tenía una casaca de cuero, se acercaban y se hacían amigos  tuyos.  Así se acercó Jorge Revilla, que luego fue de Silvania. A Kike Eutanasia también lo conocí así, al ‘Omiso’. Ya en el verano del 86 buscamos un lugar donde tocar. Y Daniel F ya había dejado Leusemia, Narcosis ya no existía y Autopsia me parece que tampoco. Y aparece otra camada de bandas, un montón, que sacan el casete de los 13 grupos y comienzan a hacer conciertos, a producir conciertos ellos, cosa que antes no pasaba. Magia comienza a salir como un lugar para tocar. Ahí creo que es donde toca la última vez Leusemia, en febrero, sin Daniel, solamente los tres y ahí se va Leo y ya Leusemia desaparece. A pesar de que era una pequeña movida de grupos, era muy difícil tocar en los conciertos. Eso es algo que, bueno, muchos se han olvidado. Había como una especie de argolla. Nosotros intentamos tocar, pero… En la U. de Lima, donde estudiaba Carlos Magán Comunicaciones, Julio Montero (de Delirios Krónicos) hizo un concierto… Ya estaba Gx3, Descontrol, creo que Eutanasia también y aprovechamos de tocar. Eso fue en junio. Después de tocar ese día, como que la gente comenzó a hablar de nosotros…

 

 

HACIA LAS CÁRCELES. Tema del casete 'No puedo irme' y el compilado 'Otro rock'. 

El nombre Voz Propia salía del molde, porque todo era Leusemia, Narcosis, Eutanasia…

Cuando empiezo con el tecladista, un año antes, mi idea era un poco romper todo, hacer la revolución con el grupo, crear un nuevo sonido, hacer que no se parezca a nada. Entonces, empezamos por el nombre. Y también en la música siempre cuestioné este hecho de que los grupos tuvieran que empezar con un estilo y morir con el mismo estilo, que también se da en la pintura, en el arte. Si un grupo comienza a cambiar en cada disco, lo toman como que sigue la moda y que no tiene un estilo propio. Soy fan de David Bowie y me daba cuenta de que en cada disco, sin perder su esencia, siempre trataba de cambiar algo, siempre estaba mutando.

¿Voz Propia ha cambiado todo lo que hubieses querido que cambie en todo este tiempo? 

Hemos hecho lo posible. De repente hubiésemos podido hacer más, pero es imposible a un grupo peruano, en el contexto de esa época, pedirle muchas cosas. En ese momento no había nada. Eran dos salas de ensayo en Lima. Tenías que ir hasta San Martín de Porres a ensayar, a Fílderes. La otra sala estaba en La Victoria. Ponerte de acuerdo con las cinco personas. Yo no tenía ni siquiera  teléfono fijo, no tenía ni una guitarra ni nada, la gente no tenía instrumentos. Los bateristas de esa época, hasta ‘Pelo Parado’ Madueño, no tenían batería, iban y lo hacían en el estudio. No había tienda de instrumentos, era muy raro.

Se prestaban los instrumentos en el escenario. 

Claro. No había una infraestructura adecuada. Tocabas y no te pagaban ni un sol. Era más que todo la onda de decir algo.

Esa carencia era también una ventana para la creatividad.

Por supuesto. Esas cosas te sacaba lo mejor que tenías. 

Voz Propia es tal vez la única banda de esa época que toca y saca discos regularmente. Y que casi conserva a la mayoría de sus integrantes originales. 

De alguna manera, la banda siempre se mantenía. 

¿Por qué pasó esos con ustedes y no con otras bandas?

Cuando empezó la movida subte era una cuestión de catarsis, de adrenalina, de exteriorizar todo lo que tenías adentro, etc. Pero había muy pocas bandas que tenían esta idea, esa visión de dejar algo. Yo sí creo que uno tiene que dejar algo, un vestigio. Será porque me gusta la historia, no sé, por mi manera de ver las cosas, pero yo siempre exigí eso en la banda. Las tres maquetas que sacamos del 86 al 90 fue un poquito mi empuje en el sentido de que hay que dejar algo. A veces la gente quería grabar en un estudio mejor, irse a no sé dónde, ‘que el sonido no me convence’, pero yo veía el momento y decía no importa: esto es lo que tenemos, esto sacamos. Sacar el material como sea y continuar con otro material. 

¿Sientes que han hecho historia?

Yo creo que sí, toda la movida. Ahora sí es un motivo de estudio. La movida subterránea es parte de la historia del rock nacional y ha generado que otras generaciones de bandas sigan, de otra manera, estos conceptos de hacer una producción independiente, no tener temor y subirte a un escenario y tocar lo tengas que tocar.

¿Extrañas algo de los 80?

Sí, claro. De hecho lo que extraño es que en esa época como había una escena, de alguna manera la gente estaba pendiente de lo que sucediera. Cuando salía una banda, todo el mundo estaba muy interesado en cómo iba a sonar y la gente también buscaba en los grupos que sonaran diferente. Eso diferente, que no suene a nada, que no se parezca a nada, esa individualidad, digamos, yo creo que se ha perdido en estos últimos 30 años. La gente no busca tanto el sonido diferente sino buscan lo que le suene bien al oído, lo melódico, lo que es pop, lo que es digerible. 

En el 2009, en una entrevista declaraste que hay pocas buenas bandas, que no arriesgan. 

Hay dos tipos de bandas: las que todos conocemos, las que suenan, no diría comerciales, pero las que más se escuchan, que tocan en conciertos grandes, etc.; y hay pequeñas bandas que forman digamos el underground peruano, por llamarlo así. Esas pequeñas bandas son las que arriesgan más en sonido, sacan discos que no son impresos, con una  calidad de sonido que lo hacen en estudios pequeños. Pero a nivel de bandas grandes, no arriesgan mucho. Su material es casi el mismo a lo largo de los años, tienen un público que compra sus discos, tratan de mantener ese perfil. 

¿Y en eso no ha caído también Voz Propia?

Nosotros, de alguna manera, en cada disco tratamos de hacer algo diferente, cada disco siempre no es parecido al anterior. Tratamos, por lo menos, de sacar un nuevo sonido. No necesariamente estamos influenciados por la canción que pegó en el disco anterior. No voy a estar repitiendo la misma lisura a la hora de empezar a tocar, como lo hace Daniel F, como si no hubiera crecido. Hay un momento en el que ya dices: eso es de chibolo. Lo hice en su momento, pero no voy a estar quemando la bandera en todos los conciertos. La idea es ser honesto y decir lo que eres y cómo eres. Tú vas creciendo. No en todos los discos me tengo que enamorar para sacar canciones de amor. Esos clichés me parecen cojudos. Yo no estoy enamorándome en cada disco y hablando de amor en cada canción. Sería un mentiroso.

Consideras que Daniel F…

Hay cosas que él hace que a los chiquillos les gusta y él sabe muy bien qué cosas son las que tiene que decir porque a los chiquillos les gusta. De alguna manera, eso ha hecho que a partir de los 90  encajara muy bien en la época. Pero hay otras bandas que sí son honestas con su onda. Hay que ser honesto.

 

 

A 30 AÑOS. El grupo tocando Fiestas Negras en el concierto por sus tres décadas.

¿Fiestas Negras sigue vigente?

Es mi primera letra que hice y es la que menos me gusta. Es una letra muy simplona… Hablaba, digamos, de discotecas, de fiestas que no me agradaban. 

Pero más allá de que te guste o no la letra, tiene una postura político-social: “fiestas burguesas, repletas de pura mierda”.

Por supuesto. En esa época estábamos con todo el rollo de revolución, de comunismo, teníamos un léxico sobre lo burgués, el proletario. Era una crítica, de alguna manera. El decir negro fue más que por negativo, por hablar de un look.

¿No hay fiestas de mierda ahora?

(Risas). Bueno, de hecho, siempre habrá. Si vas a Gótica, a Larcomar, a discotecas donde te hacen bailar, tomar unos tragos, es una porquería. 

¿Te arrepientes de lo que hicieron en la Feria del Hogar? Porque, de alguna manera, evitó que más grupos toquen en las siguientes fechas y que, más bien, se presente Arena Hash.

(Risas). Arena Hash igual iba a tocar, sí o sí, en cualquier lugar, en cualquier momento. Ya eran algo conocidos. Arrepentirme de lo que hice, no, pero si pudiera volver al pasado y cambiar lo hecho, le pediría a los de la feria tocar en la última fecha (risas).

¿Qué hubiese pasado si tocaban el resto de bandas?

La idea que tenían las bandas en esa época era contraria a la que tenía el director de Esquina  Franklin Jáuregui u otras personas de por ahí, que querían que haya grupos tipo Los Prisioneros, Virus, Soda Stereo, que salieran un poco de acá y arranque la industria. Había esa proyección, esa visión. Nosotros teníamos otro tipo de visión y muchas bandas de esa época también. Entonces, esas dos visiones no congeniaban. Nosotros queríamos hablar sobre la realidad peruana, crear consciencia. Ninguna de las partes nos sentamos y pensamos el asunto para lograr un equilibrio. Al salir de la feria, Franklin me increpó, se molestó conmigo. Me dijo: ‘lo hiciste al propósito, para fregarme’, etc., pero en ese momento no entendí  por qué estaba molesto. Se esperaba que eso fuera un modo en que podías presentarte a la sociedad, porque era la Feria del Hogar, un evento muy grande y podías seguir el siguiente escalón. No lo entendíamos así, sino como el momento apropiado para poder decirle a mucha gente lo que creíamos, lo que pensábamos. Lamentablemente, las bandas que podían ser comerciales y lograr esa conexión eran Argot, que era más pop pero tipo Danza Invisible, los mismos Cadena Perpetua, que ahora es Cementerio Club, fueron bandas que igual vivieron el momento, pero que no tuvieran esa proyección, ni siquiera llegaron a grabar nada, que igual me sorprende. Con tan buenas canciones, habrían podido sonar en las radios.

 

 

HIT. Uno de los temas más queridos del cancionero vozpropiano.

Para mí, ‘Los días y las sombras’ es quizás una de las mejores canciones del rock peruano. ¿Quién la compuso?

La música es de Raúl Montañez y la letra es mía.

¿Cómo así escribes esa letra? Es un como un himno.

La letra la hice como un homenaje a Joy Division. Aunque luego la perfilé diferente, porque le doy un final no trágico.

Y es hasta optimista, ¿no?

Es basada en una canción de Joy Division que se llama Décadas, donde Ian Curtis habla un poco de la juventud, de la generación que escuchaba su música en esa época. Traspuse eso a mí generación que había escuchado el punk, que había escuchado todo esto en la movida y que en esa época, en el 95… En realidad, el tema Raúl lo tenía desde el año 90, porque lo llegamos a ensayar, pero no lo llegamos a grabar. Cuando volvimos en el 95, cogimos otra vez el tema y ahí es cuando hago la letra. Los primeros cinco años de la década del noventa la gente estaba en otras cosas, la movida estaba desarticulada. Había mucho vacío. Pero luego aparecen grupos que son otra generación, que o bien parten de la anterior, pero ya vienen con la idea y la visión de querer hacer música para vivir de ella. Creo que esas bandas debieron salir en los 80 y tocar en la feria (risas). Porque ellos sí buscaban otra cosa, vivir de eso.

Pero ‘Los días y las sombras’ es un hit, como para vivir de esa canción.  

Lo que pasa es que en el 95 no volvimos cambiados. Nos demoramos mucho en producir las cosas. Y seguíamos desconectados de lo que a muchos grupos les interesaba: el buen sonido, cobrar y eso hizo que no haya despuntado tanto ese material. Seguíamos críticos. Todo eso ocasionó que la banda no encaje con esta corriente que apareció. Profesionalmente nos faltó limar ciertas cosas y no lo hicimos en esa década. 

¿Por cierto, Montaña en qué momento entra a Voz Propia?

Él entra a la banda en el 87, un año después de formados. 

¿Cómo llega?

Yo lo invito. Era amigo mío y le dije para tocar a raíz del Concurso de Rock No Profesional, porque en este concurso la mitad de la banda se va. Nos quedamos solamente con el baterista. Ahí es cuando le digo a Luis ‘Wicho’ García para que toque teclados. El primer guitarrista de la banda vuelve para tocar el bajo. Después del concurso se van varios, ‘Boui’ regresa y de tecladista entra Aldo Lucioni, que tocó hasta ‘El Sueño’, cuando la banda se desarma.

En ‘Los días y las sombras’ el punteo de la guitarra y la letra encajan como si los hubieran hecho una misma persona.

Encajan muy bien. También me ha pasado con El Manifiesto, que la trabajé con Ramón Escalante. 

Ramón le dio un sonido diferente al grupo. 

Y me gustó eso. Un poquito que agarré la idea de David Bowie de tocar siempre con músicos diferentes.

Se viene tu primer disco solista. ¿Será como el lado b de Voz Propia?

Estamos grabando un disco nuevo de Voz Propia. Hemos grabado siete temas. Hay temas de Raúl, tres míos, de Ramón tres y de ‘Boui’ dos. Hay temas de todos. Con muchas melodías. Paralelamente a eso, tengo temas como para sacarme el clavo, como un deber. Tengo las líneas de las canciones, ya están, van a ser nueve.

¿Cómo viene la música de ese disco solista?

Lo mío será lo que fue Voz Propia antiguamente, más rock and roll, más fuerte, hay todavía rabia, hay temas raros. 

¿Qué te da rabia?

Todo. Siempre hay motivos para decir cosas. La discriminación, por ejemplo, hacia los grupos minoritarios, como los homosexuales, los indígenas. Sigue habiendo música de porquería. Mientras uno siga sintiendo y teniendo algo que decir, siempre va haber algo que tocar, que componer. Si no tienes ese ‘bichito’, sale algo mediocre.

 

 

OTRO MOMENTO. Canción compuesta y cantada por Ramón Escalante. 

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