ZEN

Jhovan Tomasevich

“Muchos pensaban que había reunido a Zen porque me estaba yendo mal”.

crédito: PÁGINA CENTRAL

Hace más de 20 años empezó como cantante en la recordada banda Huelga de Hambre. Luego armó su proyecto más exitoso: Zen, posteriormente se las buscó como solista y, finalmente, rearmó Zen con los hermanos Marambio. “Más artistas se han metido de lleno a componer en inglés, para mí equivocadamente”, dice Jhovan Tomasevich. Claro, también hablamos de su relación con Salim de Libido, del presente y del futuro de su banda.

¿Qué música estás escuchando?

He estado escuchando Van Halen, Mars Volta, Prince, Jack White, Pink Floyd, Nine Inch Nails, David Bowie.

¿Cómo que nada no muy nuevo, no?

No hay nada nuevo que me haya llamado la atención. Casi todos los artistas de ahora son bandas tiradas al folk o al pop electrónico, que no es tanto mi onda.

¿Te gusta el pop rock?

Sí, claro.

Porque es la línea musical en la que te mueves…

No. Hay esa sensación… Es por un tema de exposición. Mis últimos discos como solista son mucho más rock y oscuros que los discos que he sacado con Zen. El tema está en que en ese tiempo hubo una canción que yo canté, pero no compuse, para una serie de televisión muy popular y tuvo éxito y rebotó en las radios.

¿Qué serie fue?    

Al Fondo Hay Sitio. Entonces, son canciones que me llaman a colaborar y poner mi voz.

 

 

EXITOSA SERIE. Jhovan cantando un tema para Al Fondo Hay Sitio.

En tu etapa solista tuviste más acercamiento y exposición en la TV.

No es ningún secreto que acá si empiezas con un proyecto nuevo es muy difícil entrar a los medios. Cuando me quite de Zen pensé que iba a ser muy fácil eso y conseguir entrevistas. Pero no, fue muy difícil. La gente te decía, sobre todo en televisión: ‘Ah y vienes con Zen’. Les decía no, vengo con un proyecto nuevo como solista. Te respondían: ‘No, no me interesa’. Y tenías que hacer tu cola con todos los demás artistas nuevos. Empecé a hacer ese trabajo de hormiga desde cero. Se me abrieron las puertas nuevamente, pero fue un trabajo difícil.

¿Y por qué no seguiste en esa senda mediática?, que es hasta más rentable.

Es más rentable, pues hasta hace poco he hecho cosas en televisión. Estuve trabajando en Canal 4, haciendo un programa como jurado de niños. La posibilidad está abierta siempre y cuando caiga bien parado.

¿Qué significa caer bien parado?

Que lo que haga lo pueda hacer bien. Si me llaman para actuar para una novela, yo no soy actor y probablemente por la ambición de ganar plata lo puedo hacer mal y malograr la carrera.

Regresaste con Zen en un momento que parece que las cosas están mejor dentro del rock peruano.

Es loco, porque mucha gente pensaba que yo había reunido a Zen de nuevo porque me estaba yendo mal. Pero en verdad no fue así. Yo me jalé a Alec Marambio a tocar en mi proyecto de solista. Entonces, ya no tenía sentido trabajar dos proyectos que van por una misma onda. Y un poco quería dejar de ser visto como solista. No obstante, hasta hoy con Zen es difícil porque las entrevistas las hago solo, porque los chicos tienen tiempos complicados.

¿En la primera época de Zen no era igual?

Era igual, pero en ese entonces eso nos creaba conflictos. Ahora ya no. Ya entendimos cómo funcionan las cosas. En esa época me sentía que batallaba solo por la banda. Además, el rock bajó bastante. Cada uno tenía proyectos diferentes, cada vez era más difícil conseguir conciertos, organizarlos. Cada vez era más complicado entrar a los medios y promocionar la música. Fue como un hasta aquí nomás, veamos qué pasa más adelante. Y así pasó. Hace más de un año y medio retomamos solo para hacer un festival. Dijimos que si funcionaba y nos sentíamos cómodos tocando y éramos capaces de entrar a un ensayo y componer canciones, continuaba. Si no, dejémoslo ahí. Al poco tiempo ya teníamos nuevas canciones, los conciertos estaban funcionando muy bien, la química de la banda era más explosiva de lo que era en el inicio. De pronto, empezamos en una vorágine de festivales. Nos dimos cuenta de que había mucha más gente que antes, que iba a los conciertos, que pagaba por una entrada, que se sabía las canciones, que pedía por sus bandas.

Es más, me parece que Zen ha sonado más después de su separación, en radio por ejemplo.        

Es loco. No es el primero que lo dice. Hay la percepción de que ahora somos más famosos. Es raro porque casi todo es vía Internet.

El regreso fue con un nuevo baterista: Hans Menacho.

Giorgio, que es el baterista más conocido de la banda, estuvo con nosotros hasta 2007. En ese año lo sacamos de la banda por un tema grupal. No sentíamos que estaba avanzando al mismo ritmo de la banda. Buscamos otro baterista: Daniel Ruiz (que ahora tiene un proyecto que se llama Daniel and The Dead End. También tocaba en Space Bee), que es un músico muy talentoso, pero nos equivocamos, porque no era el baterista para el grupo. Su estilo no encajaba en la línea de Zen.

¿Cuál es la línea de Zen?

Yo creo que es un pop rock.

Por momentos es balada, por momentos algo más fuerte.

Lo que ocurre es que las baladas son las más conocidas porque son las que pasan las radios. Pero si vas a ver a la banda en vivo tiene otra energía, incluso hasta las baladas son más power. Cuando salí de Huelga de Hambre para hacer una banda como Zen tenía claro que como cantante debía hacer melodías. Ese tenía que ser mi camino. Empecé a trabajar más en acordes, en melodías pop, pero con una parte rítmica y de guitarras para que no solo sea pop.

Pasaste de una suerte de Pearl Jam a La Ley.

Sí, pero La Ley me parece que tiene más edulcorante. Después de salir de toda la onda grunge, empecé a escuchar más U2, y me encantó la onda de las melodías.

¿Y la voz te daba para eso? ¿No tuviste que estudiar?

Salí de Huelga de Hambre y empecé a estudiar porque tenía un montón de cosas en mi cabeza para componer, pero no podía. Poco a poco fui aprendiendo. Quería hilar melodías como U2, pero también me gustaban bandas como Smashing Pumpkins, que son súper guitarreras. Entonces, eso es lo que hace Zen, un poco la combinación de ambos. Entiendo lo de La Ley, mucha gente nos comparó con ellos.

Tienes un aire a Beto Cuevas… (risas)

Dicen (risas)… Beto Huevas (risas)… Ellos son más pop.

 

 

EL REGRESO. Video del 2014, que marca el retorno de Zen.

¿Zen ha vuelto para quedarse o están calculando cómo les va para seguir?

La idea es que sí. Al principio, teníamos un montón de planes y conforme pasaban los años nos dimos cuenta lo difícil que eran o casi imposibles. Ahora que regresamos a tocar no hemos perdido los planes, pero sí quizás la forma de hacerlos. Por ejemplo, cuando una banda empieza todos están pensando automáticamente en la internacionalización, pero desde mi carrera solista hasta ahora pensé que lo más importante es trabajar acá, porque hay un potencial fuerte de público que sí escucha rock. Al mismo tiempo, concentrarnos en escribir en español. Tenemos que concentrarnos en no perder el norte de la banda, porque es muy fácil que pase.

¿Qué te puede hacer perder el norte?

Desesperarte porque tienes menos conciertos, porque baja el público, que la gente no se enganche con tu single y, de pronto, pierdes la brújula y empiezas a cometer errores. Por querer figurar más o llegar a más gente puedes tomar actitudes para tener más pantalla.

¿Alguna vez perdiste el norte?

Sí, varias veces. Más que perder el norte, hemos perdido la brújula. Hemos cometido muchísimos errores.

¿Cómo cuales?

Colaboraciones que no debimos haber hecho con otros artistas.

¿Cómo quién?

Prefiero no dar nombres. Es fácil entrar a You Tube y vas a encontrar. Y lo loco es que mucha gente pensará que son colaboraciones para ganar popularidad o estar ahí. Y muchas han sido de amigos, pero ya aprendimos que no puedes mezclar las amistades y la carrera de tu banda.

Haces hincapié en la necesidad de escribir en español. ¿Por qué?

En los últimos años han salido más artistas –hablando de los buenos­– que se han metido de lleno a componer en inglés, para mí equivocadamente, porque la gente entiende el inglés, pero no llegas a conectar. Los escucho, los veo y tienen una propuesta musical muy interesante, pero el idioma no engancha. 

¿Cuál es la diferencia entre Zen y Jhovan? Al final, ¿no es lo mismo?

Mucha gente tenía esa percepción cuando saqué mi disco solista, pero musicalmente es diferente. Ahora, al estar la misma voz pareciera que fuera lo mismo. Además, no hemos cambiado la forma de trabajar en la banda con el tema de las entrevistas: por lo general siempre soy yo el que se encarga de la parte mediática. Pero sí hay una gran diferencia a la hora de estar en vivo, cuando la gente ve a la banda sí se identifica con cada uno de los integrantes, que tienen una personalidad y sonido que definen al grupo… Alguna vez dije cuando estábamos muy peleados: al diablo, me quedo con el nombre y traigo otra gente... En mi grupo como solista de hecho tocaba algunas canciones de Zen y por más que he tenido un montón de músicos nunca llegamos a sonar cerca a lo que es Zen. Entonces, sí te diría que no es lo mismo.

 

SIEMPRE ALGUIEN. La faceta solista de Tomasevich.

¿Qué diferencias encuentras entre el rock peruano de los inicios de Zen y ahora? Estaban TK, MTV… Ustedes sonaron bastante en esa cadena…

Vivimos engañados (risas)…

¿Era un bluf?

Sí, era un bluf el tema de la internacionalización, de los premios MTV. Era una ventana internacional que te daba cierto peso local, pero afuera no importabas nada. Después te das cuenta que tanto los premios y esa promoción irreal no te daba más fans ni credibilidad musical. Con Zen nunca ganamos un solo premio, y estamos considerados dentro de las bandas headliner en los festivales. Mar de Copas ni siquiera creo que mandó un video a MTV, y cierra todos los festivales y es considerada una de las bandas que más público tiene. Todo el mundo pensaba que MTV era el norte, era el éxito. Después vino una onda muy fuerte de artistas pop y vinieron con todo el tema del Internet: ‘yo pongo a votar a mi gente todo el día’, y se generaba una falsa percepción.

¿Alguna vez Zen hizo eso?    

No, porque hubiésemos ganado un premio. Es más, el día que fuimos a la ceremonia nos dimos cuenta que las cosas funcionaban de otra manera. Y nosotros pensábamos que todo eso estaba en las manos de los fanáticos. Pero no es así. El negocio funciona como ha funcionado siempre: si tienes una disquera atrás, la disquera se encarga de hacer ese trabajo.            

Zen es de los pocos que suena en radios, ¿no?

Pero ni siquiera es que suene con material nuevo. Por ahí una que otra radio, por el nombre que ya hemos hecho durante años, te pasa una canción nueva en algún programa específico. No es suficiente. Ninguna banda local va tener la programación como la que teníamos en 2005, 2006, que te tocaban cinco a seis veces al día, que es la forma de hacer un hit acá.

¿Cómo lograron eso?

A pulso. Nunca tuvimos que pagar. Era básicamente porque en ese momento había un tipo de rock nacional, la gente lo consumía, los auspiciadores ponían plata, las radios veían que era rentable y te tocaban. Ahora en las radios casi todo es música en inglés y todo está respaldado por disqueras. Eso que dicen que las disqueras ya no existen y que todo es Internet, no es tan real. El tema de medios masivos aún se mantiene controlado y más cerrado que antes. Es un momento de transición en el que todos tienen que aguantar y ver lo que va pasar. Finalmente, todos van a consumir la música en Internet, aunque acá todavía se está demorando un poco.

¿Huelga de hambre también puede regresar?         

No. (Lo del Estadio Nacional del año pasado) solo fue un reencuentro para un concierto específico y chévere. Hay mucha gente que empieza a escuchar la música de las bandas cuando estas desaparecieron. Yo hice un pequeño estudio hace cinco años y me botó que si lanzas un disco nuevo, seas artista nuevo o con trayectoria, tu disco va demorar en calar en la gente entre dos y cuatro años. El público demora mucho en engancharse con tu material nuevo.

 

 

HUELGA DE HAMBRE. La primera banda de Jhovan, muy querida y recordada. 

¿Después del problema del año pasado, en Cajamarca, con Libido (que se negó a compartir sonido) hablaste con Salim?

 No, no nos hablamos. Nos hemos encontrado en varios eventos, en televisión e, incluso, en bares y no cruzamos palabra.

Pero antes del problema sí…

Por supuesto. Incluso, nos escribíamos. Éramos patas.

¿No has intentado acercarte para recuperar esa amistad?

Lo que pasa es que yo no soy quien faltó a la amistad, porque fuimos nosotros hasta el final a buscar una respuesta de ellos, y no por medio de prensa o amigos sino directamente. El único que se acercó de Libido a ofrecernos disculpas fue Manolo. Pero Salim, con quien tenía más cercanía en la banda, jamás se acercó a conversar conmigo, teniendo mi teléfono. Él decidió callar, cerrar filas y cortar todo tipo de comunicación. Yo puedo sentarme a conversar con él sin ningún problema, pero Salim tiene que darse cuenta de que el mundo no gira en torno a él.

¿Llegar a televisión lo afectó?     

No lo sé. El personaje de Salim en medios es completamente diferente al Salim que yo conozco. Lo conozco como músico y como pata en la calle.

¿Muy diferente para bien o para mal?

Para mal. A la gente le parece que es pedante y torpe cuando habla, pero cuando he conversado con él, no es así. Creo que tiene un personaje.

En Cajamarca sacó ese personaje.

Él tendría que haber dicho: ‘Jhovan, qué pasó, a ver cuéntame tú’.

¿Qué Libido prefieres: el de Salim, el de Toño Jauregui o el de Yo Soy?

(Risas). Me quedo con el Libido del inicio, con el cual éramos patas. Ellos empezaron cuando yo estaba en Huelga de Hambre y cuando estallan como una de las bandas más populares nosotros recién empezábamos con Zen. Hemos compartido escenario muchas veces. Hemos compartido hasta productora, manager, y nuestra relación siempre fue muy cordial. De un momento a otro, ellos empezaron a tener problemas y cambiaron.

¿Qué se viene para Zen? Me contabas que tienen algo en Chile.

El disco que hemos sacado (con canciones antiguas producidas y regrabadas y nuevas) ya lo habíamos negociado con una disquera chilena que tiene bases en Argentina y que está sentando bases en Perú. Está interesada en mover la banda en otros países. Vamos a ver qué pasa. Nos puede abrir puertas en festivales afuera. Esa disquera trabaja en Chile con Los Tres, con Jorge González. Es el sello Plaza Independencia. Vamos a ver qué pasa.

 

 

DESAPARECER. Esta etapa de Zen fue quizás la mejor del grupo.

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Comentarios

Con respecto al tema de las disqueras, precisamente creo que se han cerrado y concentrado para precisamente combatir el tema de la Internet, al fin y al cabo su trabajo de años les ha dado poder.
Ser músico independiente en el Perú parece ser un tema más de necesidad que de opción, no hay de otra muchas veces y eso abre nuevas puertas, algunas más difíciles que otras.

Saludos :)

Fortunato Avila